jueves

Homenaje a Bloomerfield I (antes de hacerse cristiano, como quiera no te odio B ;)

El director de la escuela estaba supervisando personalmente un examen. Iban terminando, uno por uno, y salían asustados y felices. Fui la última, tenía que recoger las MALETAS de prefectura, dos o tres muy pesadas. El director V. sonrió (esto quiere decir que estoy en la preparatoria o en la secundaria) hablamos de música y volvió a sonreír invitándome a su casa. En su coche abrió una pequeña botella que, según él, tendría el más potente licor de todos los tiempos.
- ¿En serio?
- Neta
Neta... jamás escucharía otra vez a V. diciendo eso. ¿A qué hora se habría emborrachado? ¿Durante el examen? Le comenté que habíamos olvidado las maletas. Manejó como un loco, los ojos miel desorbitados y enrojecidos. Unas cuadras antes, paramos, abrió la puerta y dijo:
- Bájate
- ¿Por qué?
- ¡Bájate!
Cerré la puerta, vi cómo el carro lujoso de V. se alejaba, se estacionaba frente al colegio. Hizo una seña con la mano y apareció el prefecto echando las maletas a la cajuela. Dio reversa y volvió por mí soltando una carcajada demencial.
- Usted no se encuentra bien, deme mis MALETAS y yo sola conseguiré llegar a mi casa.
- No, señor. Ven, sube. No te voy a estar esperando, ¿eh?
Cada vez manejaba más rápido, daba vueltas y vueltas, cruzábamos por donde ya habíamos pasado. Me asusté.
- Basta - le dije casi llorando- deténgase.
Rechinaron las llantas.
- ¡Bájate!
No me dijo dos veces. Luego él también salió: Ji ji, ji, ji, ji.
Sacó mis maletas y me explicó que su casa estaba en una lujosa privada a la que solamente tendríamos acceso él y yo, por el momento, y también que las maletas las llevaríamos nosotros. Yo debía decir: Yuju! mientras empujaba la maleta mediana por una pendiente arriba, arriba, arriba. Dir. V. también hacía lo mismo, pero él cantaba y reía. Nos rodearon varios niños vestidos como pequeños europeos del siglo pasado, con su short y zapatos con largos calcetines, suéteres gruesos y gorras. Jugaban a las canicas.
Al verlos, Dir. V. soltó la maleta y bailó con ellos como un irlandés ebrio. Yo me aburría, me senté. V. los dejó y con las llaves quitó el seguro, entramos a la suntuosa guarida.
Dejamos las maletas en la sala oscura. V. no quiso prender las luces. Lo único que estaba iluminado era la cocina, con un luz morada muy extraña, cada vez más baja.
V. tomó mi cintura, hizo que me sentara en la barra y me abrió las piernas. Mis calcetas estaban brillantemente blancas.

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  • Yo me imagino que lo que veo me lo estoy imaginando... y me da miedo

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  • La batalla de Sebastopol. Leon Tolstoi

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  • C. G. Jung, Psicología y educación

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en realidad son las cosas que se me antojan...

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  • morirás solo y con un chingo de periquitos que te harán compañía en tu recta final